Un amigo muy querido por mí, me enseño una clave muy interesante a la hora de colorear una ilustración, la cual les comparto e invito a que exploren. Se trata de utilizar solo tres colores donde un “predominante” abarque la mayor cantidad del área, un “subordinado” de la misma familia, abarque la menor y un “acento” como contraste de estos dos primeros, resalte algún detalle en el punto de mayor atención. Esta disposición de jerarquías, a veces puede alterarse según lo demande la ilustración; es decir, que el acento se presente en un punto donde desvíe la atención del personaje principal, e incluso abarque más que el predominante o subordinado, por ser el color de contraste. Esto ocurre en el EJEMPLO 1, donde el color cálido “sepia” en el duende contrasta con el violeta de la túnica y con el verde del sapo que son colores fríos de una misma familia, por lo que el “acento” se vuelve también “predominante” al abarcar la mayor área. Si bien en un principio pensé en el violeta para la túnica como característico de las brujas y de la magia, en el verde para el sapo por su color típico y en el sepia para el duende relacionando las gamas de marrón con la naturaleza y lo agreste, me encontré con esta cuestión de que el acento “predominaba” y desviaba la atención del núcleo. Por lo tanto, tuve que agregar un cuarto color, el “rojo” fuerte de los labios en la hechicera, que contiene mucho del sepia y del violeta, para equilibrar y dirigir la atención al personaje principal. Es recomendable no alterar este orden de jerarquías para obtener una buena ilustración con una clara lectura de la información donde los tres colores cumplan bien su rol.
En el EJEMPLO 2, a modo de una posible corrección para respetar esta ley, cambié el sepia del duende por un verde azulado más oscuro de la familia del color del sapo, que actuara como “subordinado” del violeta en la túnica de la hechicera a modo de “predominante”, cubriendo el cuerpo de la misma. De esta manera el rojo intenso de los labios resalta funcionando perfecto como un pequeño “acento” cálido, despegándose del resto y depositando la mayor atención en los rasgos del personaje principal.











